Póker Político
- La negación del gobierno o cómo farolear para salir al paso en temas como Ayotzinapa y Teuchitlán
En una partida de poker, la estrategia puede ser tan importante como las cartas que tienes en la mano. Puedes farolear, jugar con temple o simplemente retirarte cuando la situación es insostenible. Sin embargo, en el gobierno de la Cuarta Transformación parece que han decidido ir all-in en la negación de la realidad, apostando a que la narrativa oficial será suficiente para tapar el sol con un dedo. Como en el caso Ayotzinapa, que tuvieron que recular y aceptar la verdad histórica de Enrique Peña Nieto...
La negación del rancho Izaguirre como un campo de exterminio es sólo la última mano jugada por la administración, una que pretende minimizar la crisis de desaparecidos en México. No es la primera vez que se ven obligados a jugar una carta incómoda: el crimen organizado ha demostrado ser el jugador más dominante en esta mesa, mientras que el gobierno parece más un fish, un novato que no sabe cómo responder o, peor aún, que ha decidido hacerse de la vista gorda.
La apuesta más alta en esta partida es la verdad. En los últimos días, las autoridades han negado rotundamente que en el rancho Izaguirre se haya llevado a cabo un exterminio sistemático de personas, a pesar de las evidencias y del testimonio de colectivos de búsqueda que han encontrado restos humanos. El gobierno sigue empeñado en jugar como si tuviera la mejor mano, pero la mesa ya mostró sus cartas.
Faroles y contradicciones
Uno de los jugadores más controversiales en esta partida es el senador Gerardo Fernández Noroña, quien ahora repite lo que la narrativa oficial dicta: que el rancho Izaguirre no era un campo de exterminio. Sin embargo, su historial lo contradice. En el pasado, Noroña utilizó las desapariciones forzadas como bandera política, especialmente en el caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa. ¿Cómo es que ahora cambia su discurso y decide jugar del lado del gobierno?
Su posición actual no sólo es incoherente, sino que revela la forma en que la clase política usa el dolor de las víctimas como fichas en el casino de la opinión pública. Antes, Noroña criticaba a los gobiernos anteriores por encubrir la violencia; hoy, hace lo mismo bajo la justificación de que en esta administración no hay crímenes de Estado. Un claro farol que muchos ciudadanos ya no se tragan.
La ciega mayor: negar la crisis de desaparecidos
En el póker, la "ciega mayor" es la apuesta obligatoria que deben hacer los jugadores para entrar en la partida. En el México de hoy, esa apuesta es la vida misma. Todos los días, familias buscan a sus desaparecidos en un país donde la violencia se ha normalizado y donde el Estado se niega a reconocer su responsabilidad.
Negar la existencia de un campo de exterminio es parte de una estrategia que el gobierno ha usado constantemente: negar la crisis de desaparecidos, minimizar la violencia y culpar a administraciones pasadas de todos los males. Esta negación no es sólo retórica, es un acto de encubrimiento. Es la forma en que el Estado evita aceptar que, con su permisividad, ha dejado que el crimen organizado se convierta en el verdadero croupier de la seguridad nacional.
Los números no mienten. En el país hay más de 110 mil personas desaparecidas según cifras oficiales, y la impunidad sigue siendo la regla. No importa cuántas veces el gobierno apueste en el discurso de que "vamos bien", la realidad en la mesa es otra.
Jugando contra la sociedad
En toda partida de póker, hay jugadores que saben cuándo retirarse y otros que insisten en apostar con una mala mano. En este caso, el gobierno sigue apostando su credibilidad en una narrativa que cada vez es más insostenible. No importa cuántas veces nieguen lo que ocurre en Guanajuato, Tamaulipas o cualquier otro estado controlado por el crimen organizado, la sociedad ya vio las cartas sobre la mesa y sabe que la seguridad en México está perdida.
Las víctimas, los colectivos de búsqueda y la prensa independiente han mostrado las pruebas suficientes para confirmar que en este país se mata y desaparece con total impunidad. El gobierno, en lugar de tomar responsabilidad y atender la crisis, ha decidido enfrentar la verdad con un burdo bluff, esperando que la gente crea en su palabra antes que en los cuerpos que siguen apareciendo en fosas clandestinas.
El problema es que el tiempo se acaba. Como en una partida en la que ya no quedan fichas, el gobierno está quedándose sin margen de maniobra. Seguir apostando en la negación sólo hará que, cuando la verdad sea innegable, el costo político y social sea aún mayor.
El crimen organizado lleva años jugando esta partida y, hasta ahora, parece que va ganando. Mientras tanto, el gobierno sigue sin entender que negar la realidad no la cambia, sólo lo deja en una posición más débil cuando la verdad finalmente los obligue a mostrar su mano.
¡Ciaooo!